De Pumas y gentes
Autor: Dr. Jaime del Castillo R.
Mientras se dan a conocer ante el mundo las grandes bellezas naturales y la protección que se le da a la naturaleza en Costa Rica, sus ciudadanos con saña propia de humanos arremeten y maltratan un indefenso puma a patadas y contribuyen a llevarlo hasta la muerte. Saña, que es sin duda el antivalor que cada día impregna y moviliza más a la sociedad costarricense, donde la gentuza se ha adueñado de la vida y destino del país. Este, como otros hechos, son muestras de la degradación en la calidad de vida, cuando debió haberse evolucionado en sentido opuesto, hacia la excelencia.
La Iglesia, que ha sido la representante de Dios en el mundo, prefiere no darse por enterada que el maltrato a los animales y a la naturaleza es una afrenta contra Dios. Si así fuera en su predicar canalizaría a su grey ha asumir un compromiso fraternal con la Creación . El maltrato y muerte del animalito en cuestión posiblemente no se hubiera dado y la actitud del hombre hacia la naturaleza no sería tan destructora porque los principios de ternura, solidaridad y responsabilidad estarían vigentes.
Por otro lado, el campo de la ética y los valores ha sido sustituido en las personas masificadas por reglamentaciones derivadas de la maraña de decretos y leyes, muchas veces advenedizas. La referencia es lo legal o ilegal, en lo que concierne a lo personal, social o a la naturaleza, pero no la dinámica de los valores emanados de un estado de conciencia que se orienta hacia el respeto, la belleza, la armonía y el bien donde lo justo y lo legal están implícitos, pero son rebasados por el deseo personal de contribuir ha hacer de este un mundo mejor. Dichas reglamentaciones salpicadas de sentimentalismos y estados de ánimo le han dado cuerpo a una moral circunstancial, acomodaticia y egoísta, donde algunos antivalores también están presentes y son tolerados. El populismo donde abunda la gentuza, y que desgraciadamente hoy en día es el sustrato que condiciona nuestra sociedad se rige por este sistema.
Parece que personas con ideas y principios altruistas y de bien, han dejado que el populismo contamine y afecte sus propias vidas y su civilidad. Bailando el disonante son que la gentuza quiera hacer sonar. Da la impresión que confundidos y con temor a apartarse de lo conocido se aferran a ideas, prejuicios y estilos de vida, escudándose en pretextos revestidos de moralidad, sensatez y sano juicio para ocultar su cobardía y falta de compromiso con los más altos valores de la sociedad, la patria y la Creación. La capacidad de revitalizar la vida de la Patria se ha perdido. Así jamás podremos reconsiderar nuestra escala de valores con respecto a nosotros mismos y con respecto a las demás criaturas y al mundo natural con los que cohabitamos estas tierras.
Seguramente se seguirán emitiendo reglamentaciones de toda índole, desde el cobijo de las instituciones, para tratar de reprimir la irresponsabilidad y la saña con que se mueven las masas humanas en todo sentido, pero siempre con el temor de que estas se revelen, pues todo lo que a la masa no le gusta se podría considerar una afrenta a las libertades democráticas y paraliza al mas pintado de los funcionarios públicos. Mecanismo y actitud permisiva y cobarde, a la vez que cómoda salida para no enfrentarse a la gentuza haciendo valer lo que dignifica al ser humano y le facilita su evolución hacia una vida más plena en comunión con la naturaleza. No hay democracia sin un sustento humanista.
Este estado de cosas también se refleja en la educación, que puede transferirle muchos conocimientos intelectuales a los educandos, pero donde quienes lo hacen carecen de formación humanista dando por resultado un ciudadano que se acomoda al populismo mencionado.
Ese populacho que confunde valores humanos con legalismos y no tiene ninguna orientación ética y ningún destino trascendental ha destruido una bella obra de Dios, en forma de Puma. No es delito jurídico matar un animal indefenso, no es pecado mortal matar un animal indefenso. Ni el Estado, ni la Iglesia reconocen la dignidad ni el derecho a la vida de un animal.
La ética y los valores humanos son universales, trascienden las fronteras del ser humano, no cabe el antropocentrismo, porque su propio bien y dignidad han de ser también la de toda forma de vida presente en la Creación.
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