De cuando a Lorita le salio colita
Autor: Dr. Jaime del Castillo R.
Resulta que a una lora, que tiene como nombre Lorita, llegó a nuestro centro ecológico en San Carlos. Era parte de un grupo de congéneres que habían decomisado, en buena hora, los guardaparques de la Liga de Monteverde. Se les cuidó, y se les preparó para la liberación, objetivo que se logró. Pero Lorita venia sin su cola, que es el timón de las aves, razón por la cual era torpe para volar.
Ella, veía con desanimo a sus compañeras, hacer toda clase de maromas aéreas y volar cada vez distancias más largas de un árbol a otro y dar vueltas por encima del dosel del bosque con gran algarabía. Su torpeza con costos le permitía volar unos cuantos metros y apenitas agarrarse de una rama. Como consuelo se asoció con Periquín, periquito joven que después la abandonó, pues también cogió el camino de los cielos.
Al quedar sin compañía, se comenzó a arrimar a nuestra casa, con muchos costos se pasaba de un arbusto a una de las ventanas de la cocina, que está en un segundo piso. Todo esto para buscar asociarse con otros seres vivos, necesidad instintiva en los animales gregarios, como le pasa al ser humano. La comenzamos a chinear hablándole y ofreciéndole comida casera para que no se sintiera solita, comía algo y volaba a algún árbol vecino. Así transcurrieron varios meses y había preocupación por que la veíamos de carácter apagado, torpe para volar y con una vida muy limitada.
De repente una metamorfosis comenzó a manifestarse en Lorita, las timoneras le comenzaron a crecer y su capacidad de maniobrar en su vuelo también, pero lo más asombroso, su personalidad radicalmente cambió, manifestando con más fuerza y plenitud su temperamento, dignidad y alegría. Claro, que la fregada ahora no llega pasiva a la cocina, ahora pide, exige, no como antes que con ojos tristes y unos entrecortados y lastimeros gritos esperaba ser alimentada.
Por la mañana, desde el guayabo en que duerme, sale a hacer sus rutinas de ejercicios matutinos, volando entre y encima de los árboles, dando varias vueltas al bosque. Lo problemático es que hace unas sorpresivas pasadas por la cocina pasando a toda velocidad (algo así como los Blue Angels), entrando por una ventana y saliendo por otra, y quítese porque se lo apea. Por supuesto que sus estridentes gritos de alegría lo dejan a uno medio sordo. Al terminar, aterriza exigiendo una ración de comida y con toda propiedad baja a quitarle a uno la tortilla o el queso, después con el buche lleno se queda un rato disponiendo de cuanto chunche se encuentra.
Que maravilloso es ver a un ser, que evoluciona desde la minusvalía a la capacitación para utilizar su potencial psicosomático y desarrollar autonomía. La evolución de Lorita fue obra de sus deseos y necesidad de volar, de ser una lora en toda su expresión. En la vida natural hay ejemplos de ímpetus, mal comprendidos por nosotros, por recuperar el espacio físico y vital para cumplir con la misión para la cual se nació, dentro de cada especie. Esos ímpetus y angustias por expresar el potencial individual están también en cada ser humano, pero se necesita disponer de un timón (pero no en la colita y menos de silicón) y un plan de vuelo personal para lograrlo.
De colesterol y Yigüirros
Autor: Dr. Jaime del Castillo R.
Los yigüirros, que siempre han estado presentes en este territorio desde antes de la conquista, la independencia, la fundación de la primera y de la segunda república, de la emisión de las garantías sociales, etc, han venido cumpliendo una misión, que le ha permitido a estas tierras, llegar a ser lo que hoy son y siguen dando una dura lucha para que ellas sigan guardando su identidad dentro del contexto del la vida en el planeta. Este pajarito tiene como misión, distribuir variados tipos semillas de de plantas, para mantener la supervivencia de diferentes especies vegetales y animales, de manera que el fino engranaje de la naturaleza siga moviéndose hacia destinos eternos.
Pero qué sentido tiene ponerle cuidado y tratar de comprender para qué sirven estos emplumados cuando hay que cuidar el colesterol, el bueno y el malo, los triglicéridos, el ácido úrico, la presión alta, la depre y por supuesto el estrés, que si no se padece no se es moderno, la alergia, el asma, la falta de apetito de los niños, los recibos por pagar, revisar el buzón del celular, los videos juegos. También es más importante desarrollar, ya sea conciente o inconcientemente, mecanismos de control, coodependencia, apego y manipulación dentro de los círculos familiares, de amistades o laborales.
Nada de gastar tiempo para pensar en esos bichejos que a veces hasta se cuitean encima del carro y que no deben ser muy importantes porque ni se les toma en cuenta en las iglesias, en los moles y en los jardines públicos y habitacionales donde se siembran plantas que en nada les favorecen. En los viveros de plantas ornamentales, las extranjeras y exóticas son las que dominan las ventas y se siembran sin tomar en cuenta que pasarán a incrementar la degradación del ambiente rompiendo los ciclos de la naturaleza.
La inmediatez, nacida de una instintividad perturbada y ansiosa de distracciones y placeres, ha tomado por asalto la inteligencia, la cual se pone a su servicio, perturbando las demandas de la conciencia que exige trascendencia.
Lo importante es que todo lo que se haga u ocurra en el planeta, debe ser de utilidad directa y a corto plazo para el ser humano y la sociedad que conforma. Las consecuencias a mediano y corto plazo no se preveen y no importan No se toma en cuenta el beneficio real para la persona, considerándola como un ser que al igual que el yigüirro tiene una misión que cumplir dentro del concierto de la vida.
Pero si de utilitarismo se trata, es el canto de los yigüirros sobre todo si se le escucha relajadamente será tan bueno o mejor que tomar vitaminas, melatonina, somníferos, antidepresivos, relajantes, etc. El canto es vibración que llena de energía de vida el entorno que le rodea y nosotros somos parte de ese entorno. Su canto proporciona salud y bienestar. Es un modo de recontactar con nuestro ancestral origen, es acomodarnos un poco a la dinámica de la naturaleza y reconocer la vigencia de sus leyes en nuestra propia humanidad. Es alejarse de la enfermedad. Es reconocer que donde está nuestra casa, estaba su territorio del que fue despojado; que nuestra mesa, la cama y otros enseres de madera fueron parte del árbol desde donde cantaba cumpliendo su magnifica tarea.
Es posible, que cuando escuchemos su trino recontactemos con nuestra conciencia y queramos por nobleza, ternura y justicia sembrar un arbolito, o poner un comedero para permitirles proseguir el trabajo que el Creador le encomendó y renazca en nosotros el sentido de misión en pro de la vida.
De Pumas y gentes
Autor: Dr. Jaime del Castillo R.
Mientras se dan a conocer ante el mundo las grandes bellezas naturales y la protección que se le da a la naturaleza en Costa Rica, sus ciudadanos con saña propia de humanos arremeten y maltratan un indefenso puma a patadas y contribuyen a llevarlo hasta la muerte. Saña, que es sin duda el antivalor que cada día impregna y moviliza más a la sociedad costarricense, donde la gentuza se ha adueñado de la vida y destino del país. Este, como otros hechos, son muestras de la degradación en la calidad de vida, cuando debió haberse evolucionado en sentido opuesto, hacia la excelencia.
La Iglesia, que ha sido la representante de Dios en el mundo, prefiere no darse por enterada que el maltrato a los animales y a la naturaleza es una afrenta contra Dios. Si así fuera en su predicar canalizaría a su grey ha asumir un compromiso fraternal con la Creación . El maltrato y muerte del animalito en cuestión posiblemente no se hubiera dado y la actitud del hombre hacia la naturaleza no sería tan destructora porque los principios de ternura, solidaridad y responsabilidad estarían vigentes.
Por otro lado, el campo de la ética y los valores ha sido sustituido en las personas masificadas por reglamentaciones derivadas de la maraña de decretos y leyes, muchas veces advenedizas. La referencia es lo legal o ilegal, en lo que concierne a lo personal, social o a la naturaleza, pero no la dinámica de los valores emanados de un estado de conciencia que se orienta hacia el respeto, la belleza, la armonía y el bien donde lo justo y lo legal están implícitos, pero son rebasados por el deseo personal de contribuir ha hacer de este un mundo mejor. Dichas reglamentaciones salpicadas de sentimentalismos y estados de ánimo le han dado cuerpo a una moral circunstancial, acomodaticia y egoísta, donde algunos antivalores también están presentes y son tolerados. El populismo donde abunda la gentuza, y que desgraciadamente hoy en día es el sustrato que condiciona nuestra sociedad se rige por este sistema.
Parece que personas con ideas y principios altruistas y de bien, han dejado que el populismo contamine y afecte sus propias vidas y su civilidad. Bailando el disonante son que la gentuza quiera hacer sonar. Da la impresión que confundidos y con temor a apartarse de lo conocido se aferran a ideas, prejuicios y estilos de vida, escudándose en pretextos revestidos de moralidad, sensatez y sano juicio para ocultar su cobardía y falta de compromiso con los más altos valores de la sociedad, la patria y la Creación. La capacidad de revitalizar la vida de la Patria se ha perdido. Así jamás podremos reconsiderar nuestra escala de valores con respecto a nosotros mismos y con respecto a las demás criaturas y al mundo natural con los que cohabitamos estas tierras.
Seguramente se seguirán emitiendo reglamentaciones de toda índole, desde el cobijo de las instituciones, para tratar de reprimir la irresponsabilidad y la saña con que se mueven las masas humanas en todo sentido, pero siempre con el temor de que estas se revelen, pues todo lo que a la masa no le gusta se podría considerar una afrenta a las libertades democráticas y paraliza al mas pintado de los funcionarios públicos. Mecanismo y actitud permisiva y cobarde, a la vez que cómoda salida para no enfrentarse a la gentuza haciendo valer lo que dignifica al ser humano y le facilita su evolución hacia una vida más plena en comunión con la naturaleza. No hay democracia sin un sustento humanista.
Este estado de cosas también se refleja en la educación, que puede transferirle muchos conocimientos intelectuales a los educandos, pero donde quienes lo hacen carecen de formación humanista dando por resultado un ciudadano que se acomoda al populismo mencionado.
Ese populacho que confunde valores humanos con legalismos y no tiene ninguna orientación ética y ningún destino trascendental ha destruido una bella obra de Dios, en forma de Puma. No es delito jurídico matar un animal indefenso, no es pecado mortal matar un animal indefenso. Ni el Estado, ni la Iglesia reconocen la dignidad ni el derecho a la vida de un animal.
La ética y los valores humanos son universales, trascienden las fronteras del ser humano, no cabe el antropocentrismo, porque su propio bien y dignidad han de ser también la de toda forma de vida presente en la Creación.








